lunes, 27 de julio de 2015

Mensaje que no pudo pronunciar en a Catedral de Quito


“Queridos hermanos: Vengo a Quito como peregrino, para compartir con ustedes la alegría de evangelizar. Salí del Vaticano saludando la imagen de Santa Mariana de Jesús, que desde el ábside de la Basílica de San Pedro vela el camino que el Papa recorre tantas veces.

A ella encomendé también el fruto de este viaje, pidiéndole que todos nosotros pudiésemos aprender de su ejemplo. Su sacrificio y su heroica virtud se representan con una azucena. Sin embargo, en la imagen en San Pedro, lleva todo un ramo de flores, porque junto a la suya presenta al Señor, en el corazón de la Iglesia, las de todos ustedes, las de todo Ecuador.

Los santos nos llaman a imitarlos, a seguir su escuela, como hicieron Santa Narcisa de Jesús y la beata Mercedes de Jesús Molina, interpeladas por el ejemplo de Santa Mariana… cuántos de los que hoy están aquí sufren o han sufrido la orfandad, cuántos han tenido que asumir a su cargo a hermanos aún siendo pequeños, cuántos se esfuerzan cada día cuidando enfermos o ancianos; así lo hizo Mariana, así la imitaron Narcisa y Mercedes.

jueves, 23 de julio de 2015

Mensaje a la Sociedad Civil



Me alegra poder estar con ustedes, hombres y mujeres que representan y dinamizan la vida social, política y económica del País. Justo antes de entrar en la Iglesia, el Alcalde me ha entregado las llaves de la ciudad. Así puedo decir que aquí, en San Francisco de Quito, soy de casa. 

Ese símbolo que es una muestra de confianza y cariño, al abrirme las puertas, me permite presentarles algunas claves de la convivencia ciudadana a partir de la vida familiar. Nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos.

Me viene a la mente la imagen de esas madres, esposas, las he visto en Buenos Aires haciendo colas los días de visita para entrar a la cárcel, para ver a su hijo o a su esposo que no se portó bien por decirlo en lenguaje sencillo, pero no los dejan porque siguen siendo de casa, cómo nos enseñan esas mujeres.

En la sociedad ¿No debería suceder también lo mismo? Y, sin embargo, nuestras relaciones sociales o el juego político, en el sentido más amplio de la palabrano olvidemos que la política, decía el beato Pablo IV, es una de las formas más altas de la caridad muchas veces este actuar nuestro se basa en la confrontación que produce descarte. “Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro, de imponerme, de descartarlo y así vamos construyendo una cultura del descarte que hoy día ha tomado dimensiones mundiales, de amplitud ¿Eso es ser familia? En las familias, todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven, se pelean, pero hay algo que no se muere, ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después.

lunes, 20 de julio de 2015

Mensaje del Papa Francisco en su encuentro con los educadores


Siento mucha alegría por estar esta tarde con ustedes en esta Pontificia Universidad del Ecuador, que desde hace casi setenta años, realiza y actualiza la fructífera misión educadora de la Iglesia al servicio de los hombres y mujeres de la Nación. Agradezco las amables palabras con las que me han recibido y me han transmitido las inquietudes y las esperanzas que brotan en ustedes ante el reto, personal de la educación. Pero veo que hay algunos nubarrones ahí en el horizonte, espero que no venga la tormenta, nomás una leve garúa.

En el Evangelio acabamos de escuchar cómo Jesús, el Maestro, enseñaba a la muchedumbre y al pequeño grupo de los discípulos, acomodándose a su capacidad de comprensión. Lo hacía con parábolas, como la del sembrador (Lc 8, 4-15). El Señor siempre fue plástico, de una forma que todos podían entender. Jesús, no buscaba, «doctorear». Por el contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia, a su vida y para que ésta dé fruto.

jueves, 16 de julio de 2015

Homilia en el Parque Bicentenario - Quito


 
 
La palabra de Dios nos invita a vivir la unidad para que el mundo crea.
Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que celebramos en «El Parque Bicentenario».  Imaginémoslo juntos.  El Bicentenario de aquel Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, «sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno» (Evangelii gaudium 213).
Quisiera que hoy los dos gritos concorden bajo el hermoso desafío de la evangelización. No desde palabras altisonantes, ni con términos complicados, sino que nazca de «la alegría del Evangelio», que «llena el corazón y la vidaentera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento» de la conciencia aislada (Evangelii gaudium 1). Nosotros, aquí reunidos, todos juntos alrededor de la mesa con Jesús somos un grito, un clamor nacido de la convicción de que su presencia nos impulsa a la unidad, «señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable» (Evangelii gaudium 14).

lunes, 13 de julio de 2015

Homilia en el Parque Samanes - Guayaquil


El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino» le dijo y la referencia a «la hora» se comprenderá, después en los relatos de la Pasión. Está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No tienen vino».  

Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos y en amores alegres. Demos un lugar a María, «la madre» como lo dice el evangelista. Hagamos con ella, ahora, el itinerario de Caná.

María está atenta, atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros, tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar, la mala preparación de las bodas y como está atenta con su discreción se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida.

jueves, 9 de julio de 2015

Henri Caffarel, fiel a la familia cristiana hasta el final


Uno de los grandes apóstoles de la pastoral familiar del siglo XX, Henri Caffarel, merece un recuerdo especial ante el próximo sínodo de los Obispos sobre la familia. Le tocó remar fuertemente contra corriente en plena revolución sexual de los años sesenta y setenta y se mantuvo fiel a la doctrina de la Iglesia, a pesar de las dificultades y de la defección de muchos.
 

Nacido en Lyon el 30 de julio de 1903 en el seno de una familia cristiana, fue bautizado el 2 de agosto de ese mismo año en la Basílica de Saint-Martin d’Ainay e hizo la Primera Comunión en la parroquia de San Francisco de Sales, en mayo de 1911. Realizó sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas y al terminar el bachillerato comenzó a estudiar en la Facultad de Derecho y tuvo que dejar los estudios para ir a trabajar con su padre que era negociante en fieltros y paños de lana. A los 20 años sintió la voz de Jesús que le llamaba a seguirle y este acontecimiento marcó toda su vida. Años más tarde dirá a un periodista: “A los veinte años, Jesucristo, de pronto, se convirtió en Alguien para mí. ¡Oh! Nada espectacular. En ese lejano día de marzo supe que era amado y que amaba, y que entre Él y yo esta relación de amor sería para siempre…”

En 1926 comenzó su acercamiento a la vida religiosa, estudió Teología y el 19 de abril de 1930 fue ordenado sacerdote por el arzobispo de París, Cardenal Verdier. Después de la ordenación terminó su cuarto curso de Teología. En 1931 fue destinado a la Secretaría General de la JOC donde estuvo a lo largo de tres años y en 1934 se integró en el Secretariado de Acción Católica para los medios de comunicación. Dos años más tarde dejó sus funciones oficiales para dedicarse al apostolado en forma de retiros y ejercicios espirituales para los jóvenes.
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Comenzó a organizar retiros en Colegios y orientaba a muchos jóvenes que acudían a él y cuando años después éstos jóvenes se casaban, continuaba la relación con el joven sacerdote, buscando consejo para su vida de casados. Es así como, en febrero de 1939, se reunió con un grupo de cuatro matrimonios a los que dijo: “busquemos juntos un camino de santidad para los matrimonios”. Esta fue la semilla que más tarde dio lugar a la creación de los Equipos de Nuestra Señora.

Al comenzar la Guerra Mundial fue llamado a filas y participó en la guerra en un batallón en Francia y en Bélgica hasta que, a mediados de 1940, fue enviado a París a la parroquia de San Agustín. A partir de entonces, los equipos empezaron a multiplicarse sus publicaciones, Carta a unos jóvenes hogares (1942), y la revista El Anillo de Oro (1945), marcaron profundamente a numerosas parejas pues su repercusión sobrepasó los Equipos. El P. Henri quería que todos comprendieran la grandeza del matrimonio por lo que un momento decisivo en su actividad fue la redacción y edición, en 1947, de La Carta de los Equipos de Nuestra Señora. Los medios que proponía la Carta eran exigentes. “Los puntos concretos de esfuerzo”, sobre todo “el deber de sentarse” -refiriéndose al diálogo de la pareja- deberían ser características de la vida cotidiana de los matrimonios.

El P. Henri encontró en María un modelo, el modelo del encuentro entre Cristo y el hombre, el modelo de la santidad perfecta; esto le conducirá a una devoción a la Virgen muy especial. La consagración de los Equipos a Nuestra Señora, también la de otros Movimientos que acompañó, es la prueba, la señal de la importancia que tuvo la Virgen en su vida espiritual. María era para él la Madre, la solicitud perfecta, el sí perfecto, la relación perfecta con Cristo. En aquellos años, dos fundaciones nuevas verían la luz: el movimiento de viudas Esperanza y Vida y la Fraternidad Nuestra Señora de la Resurrección, Instituto secular de viudas. Como siempre, no tenía idea de fundar: Iban a verle, le exponían el deseo de vivir una vida santa y entonces discernía, animaba y acompañaba.

Basaba siempre su reflexión sobre la vida matrimonial en la meditación de la Palabra de Dios y también en la observación, la escucha, el intercambio con las parejas y en la colaboración de teólogos de prestigio. A partir de encuestas detalladas, elaboró una visión renovada del matrimonio cristiano y de la sexualidad. El P. Henri participó concretamente en la renovación del pensamiento de la Iglesia sobre el matrimonio, fue un protagonista decisivo por su participación en comisiones pontificias preparatorias del Concilio y por su preocupación por buscar más y conocer mejor el tema. El informe sobre el matrimonio cristiano de 1960, en el número del Anillo de Oro, titulado “Matrimonio y Concilio: una renovación del matrimonio para una renovación de la Iglesia” fueron testigos de ello.

La validez de su pensamiento será afirmada por Juan XXIII en primer lugar y luego sobre todo por Pablo VI en los Encuentros de los Equipos de Nuestra Señora en Roma en 1959 y en 1970. El P. Henri explicaba en una conferencia en 1987 la contribución de los Equipos a la Teología de la sexualidad humana: “Con los Equipos de Nuestra Señora se afirma en la Iglesia que la sexualidad es un factor de santificación a condición de que sea asumida y evangelizada, que el placer es una realidad santa en el orden de Dios y no debe ser considerado sospechoso como en esas espiritualidades negativas tan frecuentes que todos hemos conocido. Y esto se refiere también a todo el conjunto de la vida del hombre en la tierra, los valores naturales no son despreciables, es necesario asumirlos, siendo la sexualidad un valor de referencia. Es tan importante hoy comprender todo esto para salvar la sexualidad de la superficialidad que la acecha actualmente y para salvar la sexualidad del erotismo”.

Al mismo tiempo que renovaba la reflexión teológica sobre el matrimonio y que daba a los matrimonios el medio de profundizar en su sacramento gracias a los Equipos de Nuestra Señora, el P. Henri deseaba proponerles una espiritualidad específica a la que va a llamar espiritualidad conyugal. Elaboró esta espiritualidad no a partir de la vida monástica, sino a partir del estado de vida conyugal, con todas sus exigencias, sus dificultades y sus gracias, una espiritualidad conyugal que permitiese a los esposos vivir su amor conyugal y su amor a Cristo a través de un solo y mismo amor, y les fuera conduciendo por un camino de santidad. La pareja se apoyará para ello en la práctica del encuentro con Cristo por medio de la oración.

Por eso, aunque la dirección de estas revistas y estas instituciones absorbía su tiempo y sus fuerzas, no perdía de vista su preocupación constante: llevar a los laicos, y en primer lugar a los matrimonios de los Equipos, a una auténtica vida espiritual, animándolos a la oración diaria. Por eso, en 1957, creó una nueva revista, Cuadernos sobre la oración, que conoció un público internacional. En 1966, aprovechando una oportunidad que se le ofrecía, abrió una escuela de oración en Troussures, cerca de Beauvois, donde cada año animaba varias “semanas de oración”. Su vida misma estuvo llena de esa presencia de Dios y no cesó de enseñar a orar, de transmitir lo que él vivía: “Si Cristo vive en nosotros, sin duda está rezando. Porque para Cristo la vida es oración. Uníos a Él, aferraos a Él, haced vuestra su oración. O más bien -ya que las expresiones que estoy utilizando acentúan demasiado vuestra propia actividad- dejad que esta oración os llene, os invada, os conduzca hacia el Padre”.

Su pedagogía pasaba por la exigencia fundamental de poner la oración en el centro de nuestra vida. Para ello utilizará numerosos textos: escribe en la “Carta de los Equipos” y en la revista “El Anillo de Oro”, también en los cuadernos sobre la Oración. Sobre todo fue en la segunda parte de su vida cuando esta pedagogía se orientó especialmente hacia los laicos activos en el mundo. Desde la casa de Troussures, que se llegó a convertir en un centro internacional de oración, animaba cada vez más semanas de oración, cursos por correspondencia sobre la oración y sesiones de formación.

Se puede decir que el P. Henri se convirtió en un auténtico apóstol de la oración porque él mismo la vivía cada día como su prioridad absoluta. Un testigo de aquella época le describe: “Me gusta recordarlo en la capilla de Troussures, sentado sobre su pequeño banco de oración, el cuerpo y la cabeza bien derechos, los ojos generalmente cerrados, las manos bien abiertas sobre las rodillas, perfectamente inmóvil, muy recogido, muy pendiente de Dios presente en lo más íntimo de sí mismo. No contaba ninguna otra cosa. Se podía decir que era a la vez todo él acogida y ofrenda, estando ante su Señor y su Dios como un paño desplegado al sol, imagen que le gustaba para hablar de la oración. No había nada amanerado ni cursi, sólo una paz, una estabilidad, una fuerza emanaban de él”.

Siempre acompañaba la invitación a la oración con otra invitación a la lucha espiritual. Si había una palabra que aparecía frecuentemente en sus escritos y en sus charlas, ésta era “exigencia”. En numerosos textos recuerda su íntima convicción de que a ese amor total que es el de Dios para con el hombre, éste último debe responder con un mismo amor incondicional. Explicaba que la vida cristiana es exigente, la Cruz está presente y requiere una disciplina personal, un entrenamiento permanente en la oración, en la meditación con la única intención de responder al inmenso Amor de Dios.

Mientras él dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a su escuela de oración, los Equipos de Nuestra Señora se iban multiplicando por los cinco continentes y su vida estaba marcada rítmicamente también por los grandes Encuentros Internacionales, para los que viajó por medio mundo. El P. Henri tuvo la gran dicha, en la peregrinación a Roma de 1970, de ver reconocidas por la Iglesia sus intuiciones sobre la santidad del matrimonio cristiano: fue el importante discurso de Pablo VI a los Equipos de Nuestra Señora el 5 de mayo de ese año.

En 1967 concluyó la andadura de la revista “El Anillo de Oro”, pero sus trabajos, apoyados en la experiencia de los Equipos, habían dado fruto abundante. En 1973 el P. Henri cumplió setenta años y, ante la magnitud de la obra emprendida y los esfuerzos que requería el atenderla, decidió dejar en manos más jóvenes la responsabilidad de los Equipos, para consagrarse ya por entero a iniciar a los cristianos a la meditación y llevarlos al encuentro personal con Cristo a través de sus Cuadernos sobre la Oración, de sus cursos de oración por correspondencia, de sus publicaciones, y a través de las semanas de oración en Troussures todavía durante los casi veinte años de vida que le quedaban.

Todos los que le conocieron y a quienes acompañó en su camino espiritual, hablan de lo penetrante que era su mirada, no una mirada indiscreta sino llena de un interés profundo y respetuoso: buscaba a Dios en cada persona. Su alegría se basaba en esto y también la de aquél o aquélla que encontraba así la paz. El P. Henri ayudaba a cada uno a ponerse ante Dios y a acoger su voluntad. A alguien cuya vida se trastornó por una prueba terrible, le dijo simplemente: “La misa, todas las mañanas.” Esta persona así lo hizo y pudo superar todas las tormentas de su vida.
Falleció en Beauvois el 18 de septiembre de 1996 y su cuerpo reposa en el pequeño cementerio de Troussures. En su tumba está escrito sencillamente “Ven y sígueme”, recordando aquella voz que él escuchó cuando tenía veinte años y que cambió para siempre el rumbo de su vida. En la homilía de su funeral, el entonces Arzobispo de Paris, Cardenal Jean-Marie Lustiger, dijo: “Pertenezco a esa generación que ha reconocido al Padre Caffarel como una de las grandes figuras que Dios ha dado a su Iglesia durante este Siglo (…) Al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuál fue nuestra sorpresa al verle renovar la comprensión cristiana del sacramento del matrimonio! Descubría su misión; magnificaba la dignidad del amor humano en una época en que nadie sospechaba aún cuánto iba a ser amenazado por la evolución de las costumbres y de la cultura”.

Su sucesor en la sede de Paris, el Cardenal Vingt-Trois, acogió la petición de los Equipos del mundo entero -hay unos 50.000 Equipos en los cinco continentes- y comenzó en 2006 el proceso de beatificación de este admirable sacerdote, sobre el que dijo Juan Pablo II: “Mostró la grandeza y la belleza de la vocación al matrimonio, y, anticipando las orientaciones fecundas del concilio Vaticano II, destacó la llamada a la santidad relacionada con la vida conyugal y familiar”.

 

Tomado de infocatolica.com

http://infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1407301032-el-gran-apostol-de-la-familia

domingo, 5 de julio de 2015

El Jesuita: Un perfil del Papa Francisco por el P. Jorge Galeaz


El 13 de marzo del 2013 el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, sacerdote jesuita, fue elegido Papa. Cambió su nombre a “Francisco”, luego de escuchar la voz que le dijo: ¡Acuérdate de los pobres! Para conocerlo mejor,  Jorge Galeaz, sacerdote jesuita,  encargado de la pastoral de Fe y Alegría en la ciudad de Guayaquil, reflexiona acerca de la espiritualidad ignaciana:
-¿Qué es la Compañía de Jesús?
-“Ignacio no quería formar una orden religiosa, quería reunir a  un grupo de amigos  de Jesús para extender su Reino en el mundo. Él fue un soldado que  tuvo un  accidente en la guerra de Pamplona, una bala de cañón le destrozó la  rodilla; Ignacio convaleciente quería leer libros de caballería, pero en la casa donde reposaba le dieron a leer la vida de los santos y ahí empezó el proceso de cambio, el Espíritu le hizo razonar: “si estos santos hicieron esto o aquello, ¿porqué no lo voy a  hacer yo?”
-¿Dios se vale de la caída de los hombres y los levanta para cosas mejores?
-“¡Por supuesto!
Ese es el carisma de la Compañía de Jesús, que está en el libro de “los ejercicios espirituales”.
El centro de los ejercicios es  primero quitar las afecciones desordenadas para una vez quitadas buscar y actuar la voluntad de Dios; en todo servir y amar al Señor.
-¿Qué sintió cuando se dio a conocer la noticia que un cardenal jesuita había sido elegido Papa?

martes, 30 de junio de 2015

El Hilo de Lana


Les compartimos  “El hilo de Lana”  traducción realizada del Libro 100 cartas de oración del padre Henry Caffarel

 
Pongo de relieve en su carta, querido amigo, una pequeña frase que no puedo dejar pasar: “Ya no tengo derecho a rezar” No existe situación que autorice a hablar así… Ningún ser, jamás está privado del derecho de llamar a su Dios. Por culpable y deshecho que esté un hombre, si se le hubieran retirado sus derechos de ciudadano, o hubiera sido excomulgado de la Iglesia, mientras guarde un soplo de vida, nadie puede negarle el derecho de orar.

lunes, 22 de junio de 2015

Noches de Información - Guayaquil 2015


 
 
El 27 de mayo y 3 de junio del presete año, en el Colegio Javier (Guayaquil) y Colegio Bilingue Sir Thomas More (Vía Samborondón -La Aurora) respectivamente,  se realizaron las ¨Noches de Información¨ para nuevos Matrimonios Sacramentados contando con una gran acogida de 30 parejas.  

jueves, 18 de junio de 2015

Cinco cambios de vida que el Papa pide en Laudato Si’

La nueva encíclica del Papa Francisco Laudato Si’ publicada este jueves, va más allá de exponer algunos problemas actuales que afectan al planeta e incluye un claro llamado a cambiar hábitos y tendencias negativas en la vida de cada persona.
El Pontífice propone cinco formas concretas para el cambio de vida. En el capítulo sexto, el último del documento, señala que “ante todo la humanidad necesita cambiar”.
Para el Papa, “no todo está perdido” ya que los seres humanos “también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”. En definitiva, son capaces de “iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad”
Estas son las cinco claves de cambio que propone en Laudato Si’:
1.- Ser agradecido y practicar la gratuidad: El Papa pide que todo cristiano reconozca el mundo (lo creado) “como un don recibido del amor del Padre”, algo que implica “actitudes de renuncia y gestos generosos”.
Es importante convencerse de que “menos es más” y que se debe crecer en la sobriedad y en la capacidad de gozar con poco. “La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora” puesto que “quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple”.
Francisco invita también a “dar gracias a Dios antes y después de las comidas” porque ese momento “nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida” y “fortalece nuestro sentido de gratitud”.
2.- Educar en los diversos ámbitos: El Pontífice pide no educar sólo desde el punto de vista científico, con leyes y normas como se ha hecho hasta ahora, sino ir más allá. Solicita realizar “pequeñas acciones cotidianas” como “evitar el uso del material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias”.
La educación se puede desarrollar en la escuela, en los medios de comunicación, la catequesis y sobre todo en la familia.
3.- Destierro del consumismo compulsivo: Las personas que se dejan “apresar” por los mercados, son sumergidas en la “vorágine” de las compras y los gastos innecesarios. “El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano ‘acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado’”.
“Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero”.
En esta confusión, afirma Francisco, “la humanidad posmoderna no encontró una nueva comprensión de sí misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia. Tenemos demasiados medios para unos escasos y raquíticos fines”.
4.- Olvido del egoísmo: El Papa Francisco sostiene que la situación actual del mundo favorece distintas formas de egoísmo. Así, las personas se vuelven autorreferenciales y se aíslan en sí mismas. “Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”. Por tanto, pide “salir hacia el otro” y superar el “individualismo”.
5.- Conversión interior: El Santo Padre recuerda la necesidad de ‘convertirse’, es decir, encontrarse realmente con Jesucristo e iniciar una vida nueva. El cristiano, asegura, debe vivir su vocación admirando la belleza de la obra de Dios y protegiéndola.
Así, el Papa propone “una sana relación con lo creado” como parte de la “conversión íntegra de la persona” y tomando de modelo a San Francisco de Asís. Esto implica “reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse de corazón, cambiar desde dentro”.
TEXTO COMPLETO: La encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco en PDF y versión web http://t.co/RjKYj16vXd