sábado, 23 de junio de 2012

Noche de Adoración



En el Nombre del Padre, del Hijo del Espíritu Santo.    Amén
  
Comienzo por sentarme cómodamente, con los pies bien apoyados en el piso, la cabeza un poco inclinada. En unos minutos de silencio interior, siento la presencia de Nuestro Señor en el altar y en mi corazón........


¡Espíritu Santo!
Por los méritos de Jesucristo
y la intercesión de Santa María,
te suplico vengas a mi corazón
y me comuniques la plenitud de tus dones,
para que, iluminado y confortado por ellos,
viva según tu voluntad y, muriendo entregado a tu amor,
merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias.
Por Cristo Nuestro Señor.
Amén

Me dirijo a Jesús, presente, y voy leyendo renglón por renglón. Dejo unos segundos entre cada línea para interiorizar las palabras:


ORACION DE ABANDONO
Padre, en tus manos me pongo,
haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal de que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mi necesidad de amor el darme,
el entregarme entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.


MEDITACIÓN DEL EVANGELIO

Los discípulos de Emús.  Lc. 24, 13-35

Leo despacio y trato de meterme en la historia, como si fuera un caminante más en la escena; pero veamos primero el contexto del relato de san Lucas:

Es el mismo día de la resurrección. Estas dos personas van por un camino en un viaje de unas cuatro o cinco horas. El tema de conversación es Jesús, su muerte y los comentarios de su resurrección, pero ellos de todas maneras están un poco apesadumbrados porque lo que esperaban era otro tipo  de salvación. Conversan y discuten y por ir en esto, no reconocen al que se les une en su caminar.

En el camino de Emaús

Dos de los discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén.  Iban hablando de todo lo que había pasado.  Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero, aunque le veían, algo les impedía reconocerle.  Jesús les preguntó:
– ¿De qué venís hablando por el camino?
Se detuvieron tristes,  y uno de ellos llamado Cleofás contestó:
–Seguramente tú eres el único que, habiendo estado en Jerusalén, no sabe lo que allí ha sucedido estos días.
Les preguntó:
 – ¿Qué ha sucedido?
Le dijeron:
 –Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo.  Los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran.  Nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel, pero ya han pasado tres días desde entonces.  Sin embargo, algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro  y no encontraron el cuerpo; y volvieron a casa contando que unos ángeles se les habían aparecido y les habían dicho que Jesús está vivo.  Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres habían dicho, pero no vieron a Jesús.
 Jesús les dijo entonces:
– ¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas!  ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
 Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.
 Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como si fuera a seguir adelante;  pero ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
–Quédate con nosotros, porque ya es tarde y se está haciendo de noche.
Entró, pues, Jesús, y se quedó con ellos.  Cuando estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio.  En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció.  Se dijeron el uno al otro:
– ¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar a más, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos.  Estos les dijeron:
–Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan.


REFLEXIÓN:

·         Nosotros también vamos por el camino y hablamos y discutimos de temas de nuestra vida diaria. ¿cuáles son los temas que más nos preocupan, dinero, trabajo, hijos, familia, salud?

·         Estos dos discípulos van a Emaús. Nosotros, ¿a dónde vamos? ¿Cuál es nuestro rumbo, nuestro destino? ¿Lo tenemos claro?

·         Jesús prometió que “cuando dos o mas estén reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos” solo que a veces las preocupaciones de la vida no nos dejan verlo con claridad. En el silencio y recogimiento, pensemos en esos momentos que hemos sentido la presencia de Jesús, caminando con nosotros.

·         Pensemos cómo en las Eucaristías y en las Reuniones de Equipo Él nos habla y nos explica las Escrituras y cómo nos ha servido su Palabra para orientar nuestra vida.

·         Ahora, que tenemos conciencia de Su presencia entre nosotros, ¿qué le vamos a decir? “Quédate con nosotros” o “Que tengas buen viaje”. Seguro que Él va a respetar nuestra decisión.

·         Los discípulos de Emaús optaron por pedirle que se quedara y cuando lo reconocieron “Se levantaron inmediatamente” a llevar el mensaje de Jesús.

·         Debo levantarme, dejar la comodidad, regresar al camino, aceptar su llamado, contar al mundo lo que he recibido.

·         Démosle al Señor nuestra respuesta………………………

En la presencia de Dios, reconociendo su grandeza y mi pequeñez. Digo: “Señor, quédate con nosotros porque es tarde y pronto oscurecerá”
Invoco al Espíritu Santo y le pido que me ilumine para descubrir mis virtudes y defectos: lo que he hecho bien, lo que he hecho mal y lo que podía haber hecho mejor.
Me examino con sinceridad:
—     ¿Me he acordado con frecuencia que Dios es mi Padre?
—     ¿Le he ofrecido mi trabajo?
—     ¿He aprovechado el tiempo?
—     ¿He rezado con pausa y atención?
—     ¿He procurado hacer la vida agradable a los demás?
—     ¿He criticado a alguien?
—     ¿He perdonado?
—     ¿Qué propósito concreto querría Dios que hiciera para mañana?

Termino mi Hora de Adoración rezando el Magníficat por todos los Equipos de Nuestra Señora.

1 comentario :

Edith y Hugo dijo...

Muchas Gracias Olgalu y Antonio por habernos hecho vivir esta nueva experiencia de orar en pareja en medio de la noche y madrugada. Fue realmente algo muy gratificante, novedoso y espectacular, digno de volverlo a vivir. Comentando con las parejas que como nosotros realizamos esta hora de Adoración, les quedó impregnada en sus corazones esta experiencia que ojalá pudiera repetirse en otra Jornada de los ENS. Lo anecdótico fue que nuestros hijos al vernos rezando y orando a esas horas de la madrugada, nos creyeron locos o tipos raros y chiflados.