miércoles, 17 de octubre de 2012

Carta del ERI: Brasilia - Año de la Fe (Pareja Responsable Internacional)



El siguiente día…. (Lucas 10, 35)


Acabamos de celebrar el XI Encuentro Internacional de los ENS en Brasilia, el primero que se ha realizado fuera de Europa, vivido en un espíritu de internacionalidad que es propio de nuestro Movimiento.

Nunca podremos olvidar como el estadio Nilson Nelson, donde se llevaron a cabo todas las ceremonias del Encuentro, se inundaba todas las mañanas de miles de voces cantando «Atreverse a vivir el Evangelio».

Después siguieron los cantos al Espíritu Santo, pidiéndole que nos ayudase en esta osadía de « ir y hacer lo mismo ».

Ya nos habíamos reunido varias veces para celebrar.
Con matices diversos, con ideas diferentes según el espíritu de los tiempos, pero siempre con la alegría de pertenecer a un Movimiento que se desarrolla cada vez más en la internacionalidad y en la vitalidad de la fidelidad a su Carisma.

Se conmemora para crear o reforzar la unidad.

Se conmemora para afirmar la continuidad.

Se conmemora para utilizar la Historia a favor del presente y para dar continuidad a lo que nos fue legado en el pasado.

Se conmemora para que el pasado y el presente formen parte del Día después.

Es por ello que la fiesta no debe empañar el resto. Con responsabilidad, es necesario que nos ocupemos del Día después.

No es posible pasar el día sin mirarnos a nosotros mismos.

Lo hacemos con humildad y sencillez para saber lo que hemos hecho bien o menos bien, así como para dar a las nuevas generaciones lo mejor que liga el pasado con el futuro.

Todas las transformaciones que acontecieron son motivo de gozo, pero no nos hagamos ilusiones, tenemos que discernir aquello que todavía debe cambiar.

La urgencia del hoy nos obliga a cuidar lo que es nuestro, sin esperar a que otros lo hagan.

Más que discursos teóricos y vacíos, la sociedad plural en la que vivimos precisa nuestro testimonio como matrimonios cristianos que caminan hacia la santidad.

La misión que nos ha sido confiada será sostenida por el sacramento del matrimonio, sacramento que nos da la fuerza y la luz para mostrar con audacia al mundo que nosotros, matrimonios de los ENS, invitaremos con nuestro testimonio al cambio y a la esperanza.

Tenemos que descubrir el fundamento de la esperanza para poder ofrecérsela a los demás.

« (La fe) Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo »1.

Y porque hoy es el Día después, es el día de despertar, y despertar es descubrir el camino que debemos seguir para ir al encuentro del Señor.

En Brasilia, escuchamos una parábola muy fuerte que nos interpeló y tal vez cambió el sentido de nuestra vida. Hemos sido invitados a hacer el viaje más radical de nuestra vida, volviéndola del revés.

Depende de cada matrimonio, consciente de sus dificultades, seguir firmemente el camino que se inició, dejando la huella de la alianza que hicieron con el Señor.

El camino que elegimos nos llevará no solo de Jerusalén a Jericó, sino al reino donde descubriremos que somos...

«La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él»2.

En el día de su boda, cada matrimonio ha elegido la más importante y más profundo de su vida para seguir el plan de Dios. No tengamos miedo del viaje. Dios está con nosotros, misericordioso y fiel a su promesa... Con Él seremos fuertes, por Él seremos fieles...

Ir y hacer lo mismo es la invitación para construir una sociedad que no existe todavía; hacer el viaje es liberarnos de esta identidad amorfa.

Cada vez que llegue el cansancio, sepamos sacar el agua que nos dará fuerzas y aplacará nuestra sed.

« Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra » (Hch 1,8).

¡Os enviamos un fuerte abrazo, convencidos de que seremos compañeros del mismo viaje!

Tó y Zé
Pareja Responsable Internacional

·         Fuente: Sitio Principal de los Equipos de Nuestra Señora
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1 Benedicto XVI, La puerta de la fe, 7.
2 Benedicto XVI, La puerta de la fe, 10.

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