domingo, 25 de noviembre de 2012

Cristo Rey



La Iglesia celebra hoy la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo y con este domingo culmina el año litúrgico. Después de haber contemplado durante el año los distintos aspectos del misterio de Cristo: la espera de su venida, su nacimiento de la Virgen María en la extrema pobreza de un pesebre en Belén, su presentación al templo y su Epifanía, su bautismo en el Jordán, con lo cual comenzó su ministerio público, su enseñanza, sus milagros, su Transfiguración y su Pasión, muerte, resurrección y Ascensión al cielo, en este domingo tenemos el gozo de contemplarlo resucitado y sentado en su trono de gloria en posesión de pleno poder sobre todos los hombres y sobre todo lo creado.

El Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó esta solemnidad que cierra el tiempo ordinario. Su objetivo es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas.

Meditemos el diálogo entre Pilato y Jesús, que había sido entregado por los judíos para que fuera condenado a muerte. Toda la escena gira en torno al tema de la realeza de Jesús. Pilato le hace dos preguntas: La primera es esta: "¿Eres tú el Rey de los Judíos?". A esta pregunta Jesús no contesta. En realidad, él no es el Rey de los judíos; es mucho más que eso: Él es Rey de todos los pueblos y de todo el Universo.  Él dice: "Mi Reino no es de este mundo"

La segunda pregunta de Pilato es una deducción de lo dicho por Jesús: "¿Por tanto, tú eres Rey?". Y a esta pregunta, en que se le atribuye el título de Rey sin ninguna limitación, Jesús responde afirmativamente: "Sí, soy Rey", para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz»

Para que se entienda su reinado es universal y que nada queda excluido a su dominio, Jesús mismo declara: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18). Él conquistó su realeza al precio de su pasión, como dice el himno de la carta a los filipenses: "Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le concedió el 'Nombre sobre todo nombre', de modo que el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos" (Fil 2,8-10). No hay ningún lugar que se sustraiga a su reinado. El libro del Apocalipsis lo llama "Príncipe de los reyes de la tierra" y explica por qué ha merecido este título: "Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados... a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos" (Ap 1,5.6).

Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Esta fiesta celebra a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo que como pastor guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina.  La posibilidad de alcanzar el Reino de Dios fue establecida por Jesucristo, al dejarnos el Espíritu Santo que nos concede las gracias necesarias para lograr la Santidad y transformar el mundo en el amor. Ésa es la misión que le dejó Jesús a la Iglesia al establecer su Reino.

"Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamado a la Santidad y emprenden ese camino se convierten en miembros del Reino de Dios.

Oración a Cristo Rey.
¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal.
Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos.
 Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.
Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás,
a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano.
 Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar,
 según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones
para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza,
y que así el reinado de vuestra paz
se establezca en el Universo entero.
 Amén.

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