viernes, 15 de febrero de 2013

I Carta del ERI 2013. Consiliario del ERI


Fuente: Sitio Principal de los Equipos de Nuestra Señora

Nota: La carta del ERI, se conforma de dos partes: la Carta del Consiliario del ERI y  la Carta de un Hogar Responsable perteneciente al Equipo Internacional.


Queridos Amigos:

Esta es la segunda vez que como Consiliario Espiritual del ERI me dirijo a ustedes. Los saludo muy cordial y afectivamente, queridas parejas, dispersas en todos los continentes, viviendo con alegría a pesar de las dificultades y los sufrimientos, su condición de parejas cristianas, unidos por los lazos del sacramento del matrimonio, en colaboración con Dios en esta misión admirable del servicio de la vida, compartir y ofrecer a sus hijos, sus pequeños hijos y al mismo tiempo, ver a sus niños de antaño. Así es como ustedes viven el ideal de la espiritualidad conyugal y familiar, ese ideal que el Padre Caffarel soñó para los Equipos de Nuestra Señora: servir a Dios por toda la vida en medio del mundo. 

Este ideal del Padre Caffarel fue consagrado por el Concilio Vaticano II, el cual recuerda la santidad como ideal y vocación de todo cristiano y se refiere al matrimonio cristiano y a la familia como una escuela de virtudes y de santidad. En este año de la fe durante el cual evocamos el comienzo del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1962 - hace 50 años - todos tenemos una oportunidad providencial para volver a las fuentes de la espiritualidad de los Equipos de Nuestra Señora, con fidelidad y dinamismo con el fin de vivir ese ideal de santidad en las condiciones propias de nuestros tiempos.

Todos lo sabemos, pero es bueno recordar frecuentemente que los Equipos de Nuestra Señora tienen la misión de anunciar y dar testimonio al mundo, de la verdad de la vida y del amor, de ese amor que se manifiesta en la disponibilidad para dar la vida y aún para morir de amor.

Esto es justamente lo que yo aprendí de mis padres y muy especialmente de mi madre, quien acaba de dormirse tranquilamente en el Señor a la bella edad de 104 años. Ella siempre estuvo disponible y se entregó totalmente a sus hijos especialmente a mí, para que yo pudiese seguir mi camino, ser verdaderamente libre ser verdaderamente yo mismo sin depender de nadie, para poderme dedicar totalmente a mi misión. Ella siempre estaba ahí, en silencio en su solicitud maternal para que pudiese ser yo mismo. Ella me transmitió la pasión por la vida; me hizo entender verdaderamente lo que significa ser un hijo y fue gracias a ella que yo me deleito contemplando en la Iglesia su rostro maternal.

Durante este año de la fe, el papa Benedicto XVI nos ha invitado a descubrir la alegría de creer, alegría que es correlativa a alegría de vivir. Una de las notas características de los Equipos de Nuestra Señora es indudablemente la alegría. Con ocasión del último encuentro en Brasilia, tuvimos la posibilidad de tocar verdaderamente esa alegría contagiosa de las parejas reunidas. Esa alegría, a encuentro muy presente en las Cartas de las Súper Regiones que recibo regularmente.

Podemos preguntarnos a igual que cualquier otra persona; ¿cuál es el secreto de esa alegría que es diferente a la alegría que encontramos en el mundo? ¿Cuál es su fuente? Yo estoy seguro de que esa fuente se encuentra en la práctica fiel de los puntos concretos de esfuerzo, según la metodología de los Equipos de Nuestra Señora, sobre todo, insisto en la oración conyugal y en el deber de sentarse. Es necesario que las parejas y los Equipos profundicen y vivan lo más fiel y generosamente posible, su unión en el Señor; es Él quien los ha reunido en Equipos; fue Él quien los escogió y unió en el matrimonio para que vivan su vida conyugal a la imagen de la relación entre Cristo y la Iglesia (Ef. 5, 32). Nadie puede separar lo que el Señor ha unido. Este es el testimonio que deben dar al mundo, en a gracia y la fuerza del Espíritu del Señor, las parejas cristianas de los Equipos de Nuestra Señora: esta es su misión como parejas cristianas. No teman porque el Señor prometió que siempre estaría con ustedes.

Que este año de la fe sea para todos nosotros un tiempo providencial para vivir y dar testimonio de que la alegría de creer está ligada a la felicidad, a la generosidad y a la abnegación de quien es capaz de amar hasta el final, como el Señor que abrió Su Corazón para que en El podamos encontrar nuestro lugar de descanso.

Los saludo con todo mi corazón. Que el Señor los bendiga y esté con ustedes en todas sus actividades.

P. José Jacinto Ferreira de Farias, scj
jacinto@dehonianos.org

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