lunes, 21 de julio de 2014

¿Todo vale en el amor, la guerra y el fútbol?


Aunque la fiebre del mundial ha terminado deseaba recoger los tres consejos que el Papa Francisco ha dado a los equipos de fútbol y que se pueden aplicar a nuestros equipos de Nuestra Señora  “en este sentido, quisiera destacar tres lecciones de la práctica deportiva, tres actitudes fundamentales para la causa de la paz: la necesidad de «entrenarse», el «fair play» y el respeto entre adversarios.

1)    El deporte nos enseña que, para ganar, es necesario entrenarse. En la vida es necesario luchar, «entrenarse», esforzarse para obtener resultados importantes. En los Equipos de Nuestra Señora tenemos nuestros seis puntos concretos de esfuerzo, pero ¿realmente podemos decir que estamos “entrenándonos” en la práctica de éstos? Comprendamos que no se trata de cosas que se deben hacer, sino de actitudes interiores que se deben despertar y asimilar, las cuales van a conducir a una nueva manera de vivir.


2)    Aprendamos lo que el «fair play» del fútbol puede enseñarnos. En el juego de equipo es necesario pensar en primer lugar en el bien del grupo, y no en sí mismos. En los Equipos de Nuestra Señora para vivir  nuestra espiritualidad conyugal, es necesario superar el individualismo, el egoísmo, todas las formas de discriminación, intolerancia e instrumentalización de la pareja y de los otros miembros del equipo.

3)    La última lección del deporte es el respeto debido entre adversarios. El secreto de la victoria, en el campo de juego, pero también en la vida, está en saber respetar a mi compañero de equipo, pero también a mi adversario. Nadie gana solo, ni en el campo de juego ni en la vida. Partiendo de que en nuestros equipos no somos ni debemos sentirnos adversarios pero si diversos, procuremos que nadie se aísle y se sienta excluido.

Un equipo es más que una comunidad humana, se reúne en nombre de Cristo para vivir el amor fraterno: «Amaos como os he amado» (Juan 13, 34). Un amor que brota del corazón de Dios y que transforma el amor humano y la amistad humana desde dentro, pero encaminándolos hacia una plenitud nueva: la santidad. Es una marcha hacia un amor a la vez más intenso y de otra calidad: amarse más y amarse en Cristo.

En conclusión, no todo vale en el amor, la guerra y el fútbol; sigamos más bien las recomendaciones del Papa Francisco para disfrutar el fútbol, vivir el amor conyugal y en alcanzar la paz en nuestros hogares y en nuestros equipos. 


Bendiciones,
P. Juan Carlos Galvis

Consiliario 31, 26, y Sector C

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