lunes, 13 de octubre de 2014

JUSTO RECONOCIMIENTO AL PADRE H. CAFFAREL COMO UNO DE LOS 46 SACERDOTES MÁS INFLUYENTES DEL S. XX


Acaba de publicarse el libro “Sacerdotes que dejaron huella en el siglo XX“, escrito por dos sacerdotes, Alberto Royo Mejía, y José Ramón Godino Alarcón, joven experto en historia de la Iglesia. Se trata de la vida y obra de una selección de 46 sacerdotes de diferentes países que en el siglo XX dejaron una huella especial.

Como bien dicen los autores en el prólogo, dedicar un libro a todos los sacerdotes que dejaron huella en el siglo XX sería una labor prácticamente imposible pues, en realidad, casi todos los cientos de miles de sacerdotes -seculares y religiosos- que vivieron y ejercieron su ministerio en dicho siglo dejaron huella de un modo o de otro. La mayoría una huella buena, pues pasaron por el mundo haciendo el bien, como su Divino Maestro.

Huella buena dejaron los sacerdotes que vivieron abnegadamente, según la llamada que un día recibieron del mismo Señor y, por tanto, celebraron y administraron los sacramentos con amor, predicaron la Palabra de Dios con tenacidad, buscaron el bien de las almas a ellos encomendadas y se asemejaron a Cristo pobre y humilde, sin buscar su propia gloria, sino la mayor gloria de Dios. Los que vivieron así, sin duda, dejaron huella. Muchos no habrán salido en los periódicos ni habrán recibido condecoraciones.

Por eso, ante la imposibilidad de escribir un libro de tales dimensiones -dicen los autores-, “hemos tenido que escoger una pequeña representación -solamente cuarenta y seis- de los sacerdotes que dejaron huella en el siglo XX“. Para que nos hagamos una idea de lo reducida que queda la selección, se piense que en cada año del siglo XX falleció por lo menos un sacerdote que está en proceso de canonización, y en muchos años más de uno -sin hablar de los obispos-, por lo que solamente candidatos a los altares de los que se podría escribir hay bastantes más de cien.

“Así pues, hemos tenido que excluir a los que llegaron al episcopado, incluidos los que fueron obispos de Roma , para quedarnos en los que fueron simples sacerdotes (hay algún monseñor, pero eso no altera su condición de sacerdotes, sino que solo la adorna un poco), seculares o religiosos, sin distinción.“

 Muchos de los que aparecen en el libro están en proceso de canonización y algunos han llegado ya a los altares, pero no todos. Si bien es cierto que la santidad es el mejor modo de dejar una huella perdurable, objetivamente hay sacerdotes que influyeron mucho en la Iglesia y en el mundo del siglo XX sin que se haya pensado en ponerles sobre un altar.

 El libro se divide en 6 secciones: “Los maestros del Espíritu“, que incluye a Carlos de Foucauld, Pío de Pietrelcina, Columba Marmión, Emiliano Tardif y José Rivera; “Los misioneros en tierras lejanas“, que habla de Arnold Janssen, Eustaquio Van Lieshout, Giuseppe Allamano, Joseph Gérard, Jan Beyzym, Nicolas Bunkerd Kitbamrung y Pedro Arrupe; “Los perseguidos por causa de la justicia“, entre los que encontramos a Ladislao Findysz, Jakob Gapp, Rupert Mayer, Miguel Agustín Pro, Maximiliano Kolbe, Teófilo Fernández Legaria, Ignacio Ellacuria y compañeros y Pino Puglisi; “Los grandes teólogos“, que son Hans Urs Von Balthasar, Henri de Lubac, Karl Rahner y Romano Guardini; “Los que se anticiparon a su tiempo“, que incluye a Joseph Kentenich, Josemaría Escrivá de Balaguer, Pedro Poveda, Giacomo Alberione, Tomás Morales, Luigi Giussani y Sebastián Gayá; “Los apóstoles de la caridad“, que trata de Edward J. Flanagan, Luigi Orione, Faustino M´guez, Benito Menni, Werenfried Van Straaten, Joseph Wresinski, Giovanni Calabria y Luigi Guanella; y por último, la sección titulada “En múltiples apostolados” que habla del Cura Brochero, Alberto Hurtado, Manuel García Morente, Patrick Peyton, José María Arizmendiarrieta, Henri Caffarel y José María Rubio.

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