sábado, 9 de mayo de 2015

Historia para el Día de las Madres





Queridos amigos, les comparto esta vivencia, dedicada con amor para todas las mamás.

Hace unos días tuve una interesante conversación con uno de mis hijos. Mejor dicho, tuve un “chat” muy interesante. ¡Intercambiamos escritos, audios y hasta imágenes! Mientras “chateábamos”, apareció ante mí, subiendo por las plantas y tejados, una gata que me resultó familiar. Era la misma que hace años, llegaba en las noches a posarse en la jardinera exterior del cuarto de mis hijos menores, y ellos le daban amor, comida y agua “a escondidas”.

No pude evitar abrir la ventana y le tomé una foto, cómodamente ubicada en el tejado, como posando para sus amigos que vendrían pronto, y se la envié. Enseguida mi hijo me respondió: “¡Maa! ¡¿Es la misma gata?!”. “Así es amor, un poco más viejita, pero aún está aquí”, contesté.

El tema que trataba con mi hijo era importante. Era del tipo de asuntos que los padres tratamos con hijos que estudian su carrera en el exterior, gracias a su empeño incansable por obtener una beca para hacer realidad su sueño de “salir al mundo”. En ese momento, di por concluida nuestra conversación, para dar paso a los recuerdos de la infancia de mis hijos, que vinieron súbitamente a mi mente, como si la aparición de esa gatita viniera con ellos.

Recordé cuando uno de mis hijos, a los cinco años, mientras yo insistía en la forma “correcta” de hacer ciertas cosas, me dijo “mami, cuándo te vas a dar cuenta de que yo no soy tú”; o, un día en que perdí la paciencia y le grité, me replicó: “ahh! Para eso tuviste hijos noo?!” ¡Frases como esas me hicieron pensar que algún día sería un excelente abogado! Pero, también fue el pequeño al que le enseñé a cruzar la calle tomado de mi mano y mirando a cada lado; y, un tiempo después, el momento que íbamos a cruzar una calle, me dijo: “Mami, no te preocupes, yo te llevo de mi mano”.

Nos gusta decir que cada uno de nuestros hijos proviene de “su propio planeta”. Mi esposo y yo hemos sabido respetar sus identidades y los hemos alentado a realizar sus sueños. Otro de mis hijos nació artista. Su afición era tan genuina, que antes de saber leer o escribir me dictaba guiones de películas que venían a su cabeza, yo debía escribirlos apresuradamente, y después se los leía para verlo asentir con satisfacción. También dibujaba, y cantaba con un espíritu que me hacía ver las imágenes que salían de sus canciones de niño.

Mi otro hijo, siempre lo digo entre broma y serio, nació adulto. Lo constaté cuando estaba en el pre escolar, y nos invitaron a conocer los trabajos de nuestros hijos. Cuando entré a su salón, estaba sentado pintando, junto a una niña que hablaba y se movía, y le dijo muy serio: ¿“podrías por favor hacer silencio que no me dejas concentrar?” ¡Tenía solo 3 años! No pueden imaginar la gran ayuda que esa madurez y concentración han sido para esta despistada y alocada madre que usualmente se equivoca de ruta, de fecha o de hora para ir dónde debería.

Son demasiados recuerdos. ¡Todos dan vueltas en mi corazón! Doy gracias a Dios por darnos a las madres una capacidad de almacenamiento extra para todos esos mágicos momentos vividos con nuestros hijos. Ahora son tres jóvenes universitarios, forjando sus caminos; y, espero que, cuando les vengan a la mente estos recuerdos, los hagan sonreír desde el alma, como yo estoy sonriendo ahora.

Cada mujer está hecha por Dios para la grandeza del servicio amoroso, desinteresado y anónimo, y eso incluye ser madres, con todas las pruebas heroicas que muchas de nosotras tendremos que atravesar en este camino para contribuir a la felicidad de nuestros hijos.

¡Qué Jesús y su Madre María te colmen de bendiciones en tu día Mamá!

María Auxiliadora Avellán de Jaramillo
 

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