lunes, 19 de octubre de 2015

FIDELIDAD- III Encuentro Internacional de Responsables Regionales, Roma 2015


Queridos amigos,
Con mucha alegría compartimos con Ustedes, la primera entrega de una serie de cartas, que resumen el  mensaje que Los Equipos de Nuestra Señora, a través de los Hogares Responsables Internacionales, nos transmitieron en el Encuentro Internacional de Responsables Regionales en Roma, el pasado mes de septiembre. Esperamos que nos ayude a confirmar que estamos en el camino correcto, a conocer la forma en que nuestro Movimiento está atento a los signos de los tiempos, y nos permita hacer vida nuestra misión como testimonios actuales del Evangelio del matrimonio.
Un abrazo en Cristo,
María Auxiliadora y Jaime Jaramillo
Responsables Región Ecuador





Por José Antonio y Amaya MARCÉN-ECHANDI. España. Matrimonio enlace zona Euráfrica.

Roma 2015, III Encuentro Internacional de Responsables Regionales.

FIDELIDAD
“Preguntaron al Amigo cuál era la fuente del amor. Respondió: aquella donde el Amado nos ha lavado nuestras culpas” (Beato, Ramón Llul)

En un mundo lleno de necesidades, el Señor hoy nos pide “¿Quién será mi mensajero?  ¿A quién enviaré?” Is 6, 8ª.

Él espera de nosotros un compromiso profundo y una respuesta concreta y activa.  Miremos hoy nuestro interior personal y conyugal para responder a estas preguntas. Para lo cual, como esposos, pedimos y reconocemos la necesidad de recibir siempre el don de la FIDELIDAD.


Esta palabra nos inspira dos ideas: compromiso y confianza. Sólo la existencia de un compromiso permite pensar en la exigencia de fidelidad; y solo con alguien en quien confías podrías sellar un compromiso en el que aportas la vida entera.  En el matrimonio ese compromiso es el de amarse. Ante esto la fidelidad es algo mucho más elevado que la simple idea de tolerar o resistir.

En nuestra boda nos dijimos: “Yo, te recibo a ti y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte todos los días de mi vida”. Algo muy similar dijo el P. Caffarel cuando relataba su vocación: “En un instante, Jesús se convirtió en alguien para mí…. Supe que era amado y que nos amábamos, y que de allí en adelante así sería para toda la vida”.

Estas declaraciones produjeron en quienes las realizamos mucha serenidad como fruto de la confianza en que el otro sería capaz de cumplir el compromiso.

Después de nuestra primera mirada con el ser amado, hemos buscado siempre la felicidad de comprobar que, en efecto, hemos sido capaces de cumplir la palabra dada, no sin imperfecciones, no sin momentos de profundos egoísmos personales, no sin insensibilidades hacia el otro. Pero seguros de que, a pesar de todo hemos respondido con amor. Un amor que todo lo compensa a la manera de los “vasos comunicantes”: las pérdidas provocadas por los fallos de uno, son compensadas por el otro con su comprensión, perdón y ayuda, pero también con su exigencia amorosa de cambio y de mejora.

Paradójicamente el amor va creciendo en la media en que lo herimos y lo curamos. Quien se sabe amado y perdonado, devuelve más Amor por el Amor recibido.

La Fidelidad no es conseguir que una relación se alargue indefinidamente, sino que esa relación sea de calidad, profunda, valiosa, trascendente y creadora. Que el otro sea lo más valioso e importante; que el amor mutuo sea el tesoro por el cuál estemos dispuestos a todo, con la ayuda del otro y del Totalmente Otro, nuestro Dios.

El P. Caffarel dijo al respecto en Chantilly: “El matrimonio, obra maestra de Dios, tiene un Alma, que es el Amor; dejar de lado el amor es condenar el matrimonio; hombres y mujeres no pueden ser fieles a las exigencias del amor sin la ayuda de Cristo”

¡Que los Sacramentos y la regla de vida de los Equipos, que la oración, la ayuda mutua y la espiritualidad conyugal nos lleven a lo largo de nuestras vidas al conocimiento profundo, a la vivencia del valor del matrimonio y al amor del Amor que nos eleva hacia la Santidad y la eterna Fidelidad!

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