lunes, 23 de noviembre de 2015

FECUNDIDAD, III Encuentro de Responsanles Regionales - Roma 2015



¿Qué significa la fecundidad para los matrimonios de los Equipos?
La primera respuesta es probablemente la de pensar en nuestros hijos. Después de todo el Señor les dijo a Adán y a Eva que fueran fecundos y se multiplicaran. (Génesis 1,28)  El amor conyugal representa el misterio más profundo de nuestra condición humana de seres creados a imagen y semejanza de Dios. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y los creó hombre y mujer. El hombre primero y la mujer después son creados directamente por Dios, como un alfarero que modela al hombre y a la mujer con sus manos, con el Verbo y el Espíritu Santo. Somos configurados en todo nuestro ser, a imagen de la Trinidad, lo que se traduce en aquello que más profundamente constituye nuestro ser como personas, es decir, seres de verdad, de libertad y de amor.

Reconocemos por tanto nuestra altísima dignidad, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios desde el principio, lo que significa que cada uno de nosotros ha sido creado por Dios. Él infunde en cada uno de nosotros el alma, tal como al principio Dios insufló en el hombre el espíritu que le convirtió en un ser viviente. En el principio Dios hizo al hombre y a la mujer en una relación tal de interioridad recíproca que el hombre deja al padre y a la madre y se une a su esposa y los dos forman una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Esta unión es una de las más profundas manifestaciones del amor, pues el amor une. Pero esta unión no es un fin en sí misma; se produce para que de esta unión surjan nuevas vidas. Por tanto la fecundidad está inscrita en la naturaleza de la unión del hombre y de la mujer.
La fecundidad se manifiesta en los hijos, que son el bien principal del matrimonio y también su fin primero. El matrimonio es el lugar propio en el cual la vida se acoge y se transmite, con la generosidad del que cree en la vida y gusta de vivir y por eso la transmite como bien mayor.
El Bien mayor de la fecundidad es colaborar con Dios en la obra de la creación.  Él creo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, las mismas que se reflejan en la fecundidad de la verdad y el amor que da origen a toda la creación.
Pero, ¿qué pasa con aquellas parejas que por cualquier motivo no pueden tener hijos, o para las que se ha pasado ya la edad de procrear? Y qué decir de los hombres y mujeres que son llamados a la vida religiosa. ¿Pueden ser fecundos? Nosotros creemos que sí, pero de manera diversa. La palabra fecundidad significa riqueza, lo que es fructífero, productivo. La llamada de Dios nos llama a ser fecundos, de manera novedosa y diferente.
El Señor nos llama para que plantemos semillas y fructifiquen y den fruto abundante. Algunas veces la semilla ha caído en suelo estéril, o ha brotado rápidamente para acabar secándose y morir. Otras veces, el fruto se ha desarrollado de forma impensable, teniendo muy poco que ver con la semilla original. Lo importante es continuar en nuestro intento de ser fecundos, sabiendo que la fecundidad no está separada del Amor.  Jesús dijo: “El que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mi nada podéis hacer” (Juan 15,5)  Y Él, Dios, es Amor.
* (Resumen de las meditaciones del P. José Jacinto Ferreira de Farías, Consiliario del ERI y Helena y Paul McCloskey, Gran Bretaña, Matrimonio enlace zona Eurasia, ERI. III Encuentro Internacional de Roma, 2015)


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