lunes, 20 de junio de 2016

El Mundo cambiante interpela a los Equipos de Nuestra Señora




 


Debemos tener en cuenta las necesidades y los valores de la época en que vivimos”.

Por Tó y Zé Moura Soares
Hogar Responsable Internacional.

         


El papel del matrimonio hoy en la misión de la iglesia es ser una comunidad cristiana que busca y se encuentra con otras personas que buscan. Frente a una humanidad enferma, la misión de la pareja cristiana debe ser mostrar al mundo que el deseo de un hombre y una mujer entregándose el uno al otro para formar una comunidad de por vida, continúa correspondiendo a las exigencias fundamentales inscritas en el corazón del Hombre.
El amor cristiano experimentado como entrega creadora, abierta y expansiva supone saber que tenemos que amar más, mucho, porque el amor nos lleva a confirmar que nuestro matrimonio es una obra maestra de Dios, humana y divina a la vez. Y estas exigencias naturales y actuales deben ser presentadas a un mundo que nos interpela.

Entre ellas, la indisolubilidad del matrimonio que nace de la exigencia interior del pacto de amor en el seno de la pareja. No constituye una exigencia extrínseca al matrimonio. Es una cualidad permanente y una exigencia intrínseca que estamos llamados a testimoniarla.
Es imprescindible también explicar al mundo la perspectiva cristiana del sacramento del matrimonio, necesariamente vinculada a la esencia del compromiso conyugal ante Dios y al concepto de familia por el que hemos optado al caminar como esposos hacia la santidad.
Recibimos estas y otras tantas gracias cuando nos casamos, sin embargo no fuimos lo suficientemente conscientes del “Sí” que habíamos dado y de las riquezas que este “sí” contenía. Estamos llamados por tanto a repensar nuestros caminos recorridos y a explicitar al mundo actual, la profundidad y riqueza de las dimensiones naturales del Matrimonio. Ahora más que nunca, debemos discernir lo que lleva a las parejas a querer disfrutar de una supuesta libertad propia y ofrecerles una orientación cristiana y trascendente. Somos responsables de restablecer la luz allí donde hay confusión. Sobre todo con nuestro testimonio.
Esta es una misión redentora que tiene que ser iluminada por el Espíritu Santo. No podemos ser “Cristianos sordos al Espíritu que se vuelven mudos y que no evangelizan”. Debemos abrirnos al Espíritu Santo para que sea en nosotros lo que el Padre Henri Caffarel nos dijo cuándo sabiamente habló de la triple función del Espíritu: Principio de vida, principio de unidad y principio de crecimiento.

Por Tó y Zé Moura Soares
Hogar Responsable Internacional.

Conferencistas invitados al III Encuentro Hispanoamérica

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