La Misión, Roma 2015


Vivir la vida ordinaria, de manera extraordinaria”.

Por Clarita y Edgardo Bernal Fandiño, Colombia.
Equipo Responsable Internacional,
Hogar Responsable de los Equipos Satélites


Al hablar de Misión podemos incurrir en paradigmas como el que también se tiene sobre la Santidad. La santidad se veía como algo exclusivo de ciertas minorías de hombres y mujeres con un misticismo, con una vida alejada de nuestro entorno ordinario, con una cuota de sacrificio sobrehumana y unos dones especiales como visiones, estigmas, etc. que hacían de la santidad una utopía inalcanzable para nosotros. Se necesitó que por primera vez fuera beatificado un matrimonio, Luigi y María Beltrame Quattrocchi, para que entendiéramos que la Santidad y la Misión también están al alcance de nosotros, en nuestros matrimonios, en el entorno en que vivimos.

Podemos llegar a pensar que Misión es un concepto ajeno a nosotros y que está reservado para ciertas almas privilegiadas que trabajan con las poblaciones más vulnerables de África, América o Asia. Pero todo cristiano, dentro de su proyecto de vida tiene que salir de sí mismo para proyectarse a los demás, para ser un verdadero discípulo misionero en su entorno diario y poder influir positivamente en el mismo. Este espíritu misionero exige una confianza total y una disponibilidad a los planes de Dios que no necesariamente coinciden con los nuestros.  Debemos ser dóciles a su voluntad, descubriendo cada quien cuál es su campo misionero, cuál es su camino.
“Con frecuencia seguimos (a Dios), lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guie nuestra vida, en todas las decisiones. Jesús está a la puerta y llama. Pienso en las veces en que…golpea desde dentro para le dejemos salir” (Papa Francisco).  Nosotros como Iglesia que somos estamos llamados a salir de sí mismos e ir a las periferias geográficas y existenciales: las del pecado, dolor, injusticia, ignorancia, miseria y ausencia de Dios.
Nosotros no podemos tener a Jesús encerrado en nuestro hogar, en nuestro movimiento. Esa es nuestra misión. Debemos identificar cuál es nuestra periferia, cuál es nuestro campo misionero para poder salir con Jesús a recorrerlo. Tenemos un campo de misión muy grande con nuestros propios amigos fuera del movimiento que necesitan nuestro testimonio de matrimonio santo y particularmente con algunos de ellos que tienen heridas que durante años han estado abiertas y que no se han sentido mirados y acogidos por lo que ellos llaman la Iglesia. También en el entorno de nuestros hijos y sus amigos podemos percibir periferias existenciales que han sido señaladas pero no han sido miradas con amor, que han sido censuradas por una sociedad incoherente. En este sentido nuestra misión es interceder por todos estos seres cercanos a nosotros y cercanos a nuestros hijos. De igual manera es misión el acogerlos, escuchándolos, acompañándolos, motivándolos, consolándolos, sanándolos, mostrándoles un rostro diferente al de su equivocada idea de la Iglesia, buscando reconciliarlos con pocas palabras y con mucho testimonio, siendo en todo momento un hogar Católico de puertas abiertas. La Misión no está en el activismo, sino en el salir al encuentro de quien nos necesita siendo dóciles a Dios y dejándonos llevar por los caminos nuevos, teniendo la certeza, como nos lo dice la Palabra de Dios, que El irá delante de nosotros.
Por Clarita y Edgardo Bernal Fandiño
Equipo Responsable Internacional, Hogar Responsable de los Equipos Satélites
Conferencistas invitados al III Encuentro Hispanoamérica