viernes, 19 de agosto de 2016

Mi Conyuge, el tesoro que Dios me dio


Todo parece ser como aquel día que dieron su sí para siempre. Al hablar de su matrimonio es imposible no admirar la sonrisa que ambos reflejan en su rostro. Me cuentan que en abril celebraron sus bodas de plata y les pregunto: “¿cómo se llega a los 25 años de matrimonio ahora?”, pues resulta una misión casi “imposible” en estos días. Con certeza, Fabio responde: “cuando yo le di el sí a mi esposa en el altar y ella me dio el sí hubo un tercero que también lo dio, y es Jesús”.

Constanza Gil y Fabio López, son miembros del movimiento de espiritualidad conyugal los Equipos de Nuestra Señora (ENS) en Bogotá, desde hace 18 años. Ellos aseguran que luego de haber ingresado a esta agrupación su relación de pareja, que no era mala hasta aquel entonces, dio un giro total.

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Ambos son colombianos y con ese carisma que caracteriza a su gente me dan la confianza para que la entrevista se desarrolle en un ambiente cálido, pero no por el clima de Guayaquil, sino por su apertura para que este diálogo se transforme en una conversación de amigos.

Remar juntos en equipo
Los López tienen una convicción muy grande. Señalan que el matrimonio, si bien es un rito que se realiza en una Iglesia, compromete a la pareja para “lograr la santidad del esposo y la esposa a través de la vida conyugal”. Este es el ideal común que persiguen los ENS: alcanzar la felicidad y santidad gracias al matrimonio y no a pesar del matrimonio.
Se agrupan en equipos de siete parejas, acompañados por un sacerdote conciliar, para compartir temas de vida matrimonial. Estar en un equipo los ayuda a reconfortarse escuchando los testimonios y experiencias de otros esposos, explica Fabio, “porque la idea es fortalecernos, remar juntos y apoyarnos”.
Se reúnen una vez al mes con su equipo y sus diálogos tienen varias partes: compartir una comida, escuchar la Palabra de Dios, hacer oración comunitaria y estudiar un tema escogido por ellos a lo largo del año.
Cuando entraron a ser parte de este movimiento, Fabio y Constanza, revelan que no entendían el significado que encierra el sacramento del matrimonio, pero ahora saben que “el esposo(a) es un tesoro que Dios nos dio y que ambos tenemos que cuidar”. Y eso es lo que se percibe al observar a esta pareja; sus miradas, sus gestos, sus frases, son fascinantes.

La dimensión del amor       
Dejar que Dios sea el custodio de su matrimonio, fue una opción que hicieron desde el día que empezaron a vivir una espiritualidad conyugal en los ENS. Fue una decisión que trajo frutos a su matrimonio al comprender que la dimensión real del amor es el mismo ejemplo del amor de Dios por sus hijos.
“Se alcanza la felicidad gracias al matrimonio y no a pesar del matrimonio”.
“Si Él entregó la vida de su Hijo, entonces uno debe amar a su cónyuge así, saliendo de uno mismo, entregándose sin recelo, buscando la felicidad del otro”, explica Constanza. Y Fabio emocionado agrega, que ese fue un elemento que logró identificar en los ENS, viendo en su esposa la presencia de Dios. “Si tienes ahí presente a Nuestro Señor, ¿cómo va uno a ofender?, ¿cómo uno va a ser infiel?, ¿cómo va a faltarle el respeto? No, no es posible”.
Luego de 18 años compartiendo anécdotas, anhelos, proyectos, dificultades y remando hacia al Señor junto a otros matrimonios de su equipo, Fabio y Constanza, aseguran que han ganado amigos para toda la vida. 
Estos ‘equipistas’ ahora se preparan junto a otros de Hispanoamérica para participar del Tercer Encuentro de los Equipos de Nuestra Señora que se desarrollará entre el dos y tres de septiembre en Guayaquil.


Por: María José Tinoco

Tomado de la Revista Vive de Agosto

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