jueves, 29 de septiembre de 2016

Ecos del Encuentro de Guayaquil... Desde Paraguay II


ASI COMO EN LA TIERRA, SERÁ EN EL CIELO….


Muchas cosas se pueden comentar. Muchas palabras se pueden emplear para intentar describir las experiencias vividas y las compartidas entre los participantes, matrimonios y consiliarios en este III encuentro de Hispanoamérica, pero yo quiero detenerme un poco más en la experiencia de fraternidad observada y experimentada.
En un contexto tan plural y complejo, en un mundo tan materialista y de mucha indiferencia e marcado  individualismo, nos encontramos con una experiencia de fraternidad, de aquella experiencia que a pesar de no conocernos, te sientes cercano, te sientes afectivamente contenido, valorado, reconocido. A  pesar de no conocernos, a pesar de no habernos sentado a compartir sueños ni experiencias, sean entre matrimonios como también de consiliarios, sin embargo, uno no se siente ajeno a aquella fuerza aplastante de humanidad, de familiaridad, de fraternidad que le lleva a pensar a uno que ésta es la experiencia que uno quisiera vivir siempre, aquí en la tierra, porque es el anticipo de lo que vivirá en el cielo.

Es normal que cuando las situaciones  nos exigen socializar, buscamos elementos comunes: paisanos, estado civil, formación universitaria, o en el caso nuestro, como sacerdotes, otros de la misma situación. Pero la diferencia que experimenté en este encuentro es que más allá de nuestras nacionalidades, más allá del estado civil o las profesiones, una sabia común nos unía: ser miembro de los ENS, sea como matrimonios o como consiliarios.
Las barreras geográficas o estado civil da paso a una experiencia fraternal. Uno no era de tal o cual nacionalidad, ni consiliario de tal o cual equipo. El vínculo instalado con las personas era desde la condición personal de uno: somos de los ENS, independiente de su condición de casados o sacerdote. Se sentía y respiraba aquella frase de la Carta Fundacional: “Sacerdotes y matrimonios aprenden a comprenderse, a apreciarse y a ayudarse; las intenciones apostólicas importantes del sacerdote las asumen los hogares, mientras aquél tiene presentes en su Misa a estos hogares cuyos esfuerzos, luchas y deseos conoce”.
Pero es verdad también que se vive en un clima de fé, de oración. Los distintos momentos para reflexionar, orar, ayudan a crear ese ambiente y ese vínculo propicio para sentirse animado y fortalecido a vivir profundamente esta experiencia y sobre todo, crece el deseo de vivirla en el día  a día en la familia o en la pareja. “En verdad os digo, que si dos de vosotros en la tierra se juntan para pedir cualquier cosa, les será otorgada por mi Padre que está en los Cielos. Porque, allá donde dos o tres se han reunido en mi nombre, estoy Yo entre ellos.”(Mateo 18, 19-20.)
Fortalecidos con la promesa del Señor, los hogares de los Equipos durante este Encuentro, procuran no perder de vista la presencia de Cristo entre nosotros y practican alegre y confiadamente la oración en común, a repasar y poner en práctica los Puntos concretos de Esfuerzo y revitalizar la unión conyugal con la certeza de ser testimonio del amor del Padre a la humanidad y a vivir los valores del evangelio en un mundo cargado de sin razones y de pluralismo y agnosticismo agobiante.
La experiencia de encuentro con las familias acogedoras, considero ha sido también una gracia especial y de vivencia fraterna. Tuvimos la alegría de compartir un día con una “gran familia” local en la que nos sentimos muy a gusto y cómodos, incluso, más cómodos que nuestras propias casas.
Un baño de fraternidad, de vivencia profunda de la espiritualidad de los ENS va llegando a su fin. Adiós, lágrimas, despedidas y una certeza: encontrarnos en la Jornada Mundial en Fátima -  Portugal en el 2018.

P. Carlos Caballero sj

Consiliario Espiritual

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